Pepita, Curro y sus hijos
Pepita Bardají Buitrago (1906 - 2006) pasó su infancia y juventud con sus padres Cipriano y Pilar, y, aunque era la más pequeña de los siete hermano, vivió muy de cerca la gestión de las fincas que formaban el patrimonio Bardají pues tenía gran afición al campo; y más durante la Guerra Civil cuando la movilidad geográfica era muy escasa.
Curro Moreno de la Sota (1908 - 1981) había conocido en su infancia la gestión agrícola en el gran cortijo que tenían su madre y tíos en Puebla de Cazalla (Sevilla), hasta su quiebra en 1931. Luego inició su carrera militar en el arma de caballería; fueron frecuentes sus viajes a Arenas pues allí vivía su hermana mayor Belén, casada con Jaime hermano de Pepita, ... y allí residía su gran amor.




Pepita y Curro se casaron en octubre de 1938, en plena Guerra Civil; en aquel convento de San Pedro de Alcantara tan alejado entonces de la multitud pero tan cercano al chalet de la familia Bardají: fué la primera boda que se celebró en este convento.
Comienza así una relación muy estrecha entre la pareja y la finca de San Pedro, que duraría toda su vida



Esta fidelidad al chalet de San Pedro hizo que en él pasara la pareja todos lo veranos de su vida de casados, y Pepita también los de su viuded hasta que murió con casi cien años. También sus cuatro hijos veranearon en él hasta que se fueron casando.
Allí estaba Pepita cuando en junio de 1943 Curro vino desde Madrid a despedirse de ella, de sus hijos y de sus suegros, ... porque al día siguiente salía con la División Azul a luchar en el frente de Rusia durante la II Guerra Mundial.
Al morir Cipriano y repartirse su patrimonio entre los hermanos el año 1955, a Pepita la tocó un "lote" del pinar de San Pedro de unas 45 hectáreas, una tercera parte de casi 150 hectáreas de la finca "La Tablada", parte que aunque se escrituró con el nombre de "Pié de la cuesta", todo el mundo siguió llamándola con el nombre de la finca madre; y el olivar "El tejaron".
También un pequeño pinar en el lugar de "Los Llanos", entre la ermita de ese nombre que está al lado del río Arenal y la carretera de Arenas a Poyales; y otro pequeño pinar situado entre los que forman el conglomerado conocido como "Pinar de la Tablada".
Pepita, con sus hermanas Mercedes y Pilar, habían heredado a la muerte de su madre Pilar las casa de Niña Perdida y el lindante corral para los caballos en la calle de Martín Bermudez.
Mercedes, a su la muerte en 1977, legó a sus dos hermanas su parte de estas casas. Y a Pepita la finca "El Berrocal"; a su sobrina Tilona, con la que había convivido mucho, el chalet de San Pedro con usufructo a Pepita mientras viviera.

Desde que se hicieron cargo de la gestión de su patrimonio de fincas en 1955, hasta la muerte de Curro 26 años después, el matrimonio gestionó muy de cerca estas fincas a las que iban todos los fines de semana.
El "lote" de San Pedro servía un poco como banco: la madera crecía y se cortaba cuando se necesitaba dinero. Se ocupaban de él en especial en los veranos que pasaban con su hermana Mercedes y la familia de PIlar en el chalet; ... que se ganó en nombre de "Villa
"La Tablada" estuvo inicialmente en plena explotación de cereales; luego implantaron regadío construyendo el pozo que existe en la huerta; y finalmente la dedicaron a pastoreo, inicialmente de ovejas y luego de vacas.
Y "El Berrocal", que heredaron cuatro años antes de la muerte de Curro, y que siguieron explotándolo turísticamente y como residencia de verano de sus hijos casados.
Tanto en "San Pedro" como en "La Tablada" y en "El Berrocal", Curro y Pepita hicieron que la vida de familia fuera muy intensa y muy agadable.



A la muerte de Curro en 1981 y hasta nuestros días, sus hijos Curro y Pepe se hicieron cargo de la gestión de las fincas. Para optimizar fiscalmente esta gestión crearon en 1986 la sociedad anónima Famoba, que englobó la totalidad del patrimonio de Pepita, así como "El Berrocal" que ya había donado a sus hijos.
En sucesivas compraventas, la casi totalidad de las acciones ha pasado a los nietos de Curro y Pepita, conservando sus padres unas acciones testimoniales.
Gracias a esta sociedad, "todo es de todos".
Pepita, que sobrevició veinticinco años a Curro, disfrutó mucho de los fines de semana en "La Tablada" donde la llevaban sus hijos, y de todos sus veraneos en "San Pedro"; allí estuvo acompañada de hijos, nietos y biznietos, hasta su muerte el año 2006.

