La época de Pepita y Curro
Nota del coordinador: Estoy muy falto de fotos de esta época; por favor, hacerme llegar todas las que podáis
Pepita hereda la Tablada a la muerte de su padre, el año 1955. Desde entonces, durante 26 años hasta la muerte de Curro el año 1981, los dos se ocupan con mucho intensidad y cariño en mejorar la casa y en rentabilizar la finca. Ir a la Tablada era su plan de todos los fines de semana, y su único sitio de veraneo junto con San Pedro.
La Tablada les facilitó una gran convivencia con los hijos, pues la heredan cuando el mayor tenía quince años; y posteriormente con las familias de éstos y con los nietos a los que tanto querían.
La convivencia familiar se extendíen a toda la familia Bardají: en aquella Arenas de los años 50, muy pueblerina pero con mucha convivencia, los hermanos Bardají participaban mucho de una vida común. En la casa de Niña Perdida y en el chalet de San Pedro la tía Mercedes reunía a la familia; la tía Pilí tenía el Parador de Ramacastañas y "Los Cercones", donde se herraban todas las vacas de la familia; el tío Joaquín, cuando volvió jubilano de Guinea Ecuatorial, se construyó una casa en "Los Veneros", lindando con el Prado Grande de la Tablada; el tío Jaime se instaló en Santa Teresa donde también construyeron casas sus hijos, .....


La casa de la Tablada
Pepita y Curro vivieron la casa de La Tablada con el cariño y dedicación de la casa en propiedad que nunca tuvieron; en ella encontraba Pepita las raices de su infancia y de toda su familia.
La casa que recibieron tenía más de bodega que de casa. Recuerdo que todo lo que es hoy día nave, cocina, "suits", portalón nuevo y lavandería, era la gran sala donde estaban los conos para la fermentación del vino; traidos de Canada por el tío Joaquinito ... pero sin usarse desde hacía 40 años; todavía se reconoce en la nave el canalillo para los derrames del vino.

Curro realizó una gran obra en la casa sobre 1957. Quitó todos los conos del vino y construyó la nave y lo que fué mucho tiempo garaje, hoy día cocina de la casa; y arregló lo que son hoy día el cuarto de las literas y la "butanera", por el color de sus muebles; dejó preparado encima de la nave el desván, ... por si había que ampliar cuartos. Arregló los cuatro dormitorios de arriba; uno de ellos pasó luego a ser cuarto de baño; realizó la chimenea del salón, pues había ardido con parte del desván la chimenea primitiva; el salón comedor sólo ocupaba la mitad que hoy día. Los cuartos de los alambiques los adecuó para casa del guarda, que hasta entonces estaba en lo que hoy día es gallinero.
La llamada hoy día bodega era la cuadra para las mulas de labor y los dos caballos que nuestro padre siempre quiso que tuviéramos; y lo que es hoy día casa del guarda era la zona donde se destilaba el vino para sacar aguardiente, en unos grandes alambiques de cobre que desgraciadamente habían desaparecido.
Naturalmente la casa no tenía ni electricidad ni agua corriente. La falta de electricidad para alumbrarse se suplía con dos "petromax" que hoy día adornan la librería, y con faroles, carburos y velas. Para calentarse en invierno estaban las chimeneas del salón y de la cocina de matanzas; ¡que frío se pasaba en las habitaciones!
A falta de agua corriente, todos nos llevábamos un jarro con agua al lavabo que había en cada habitación, y algo de agua caliente calentada en la cocina. Ésta estaba, y ha estado hasta hace poco tiempo, en lo que hoy día es el baño junto al portalón; estubo equipada con unos muebles que regalaron Tilona y Paco de su primera casa de Madrid y que ahora están en la despensa.




Pepita, con la ayuda de sus hijas Tilona y Ana, se dedicó a ir adecuando las habitaciones aprovechando cada mueble, pues la economía no permitía grandes lujos de decoración. Encargaron con nogal de San Pedro la mesa y las sillas del comedor, y en el Puente del Arzobispo la vagilla típica de la casa, con dibujo realizado por su nieta Ana.
Y se cambió toda la carpintería de la galería, manteniéndola en madera como había estado siempre.
Toda la ilusión que pusieron en la casa les fue retribuida, pues en ella nos encontrábamos muy a gusto los hijos y nietos. Y lo que ellos crearon sigue manteniéndose cuando han pasado más de medio siglo desde que se hicieron cargo de esta casa.
Otra gran revolución de la casa fue la traída de la electricidad; Curro encargó a Paco, y a su buen amigo Luis Mateo que veraneaba en el Berrocal, el proyecto de la línea y del transformador; aunque se les "colgó" un poste, el resultado de la línea ha sido extraordinario pues desde que se construyó en 1972 no ha sufrido una sola avería.
Al año siguiente, su hijo Curro realizó la traida de aguas desde el pozo "de beber", instalando en él un grupo de presión; el resultado también ha sido extraordinario pues sólo ha sufrido una avería. Y se equiparon con agua corriente los tres cuartos de baño que tenía la casa, y la cocina.

La finca de la Tablada

Desde el primer momento Curro recordó sus años juveniles en la finca "El Acebuche" en Puebla de Cazalla, y se lanzó a intentar rentabilizar la Tablada. ¡Cuanto trabajo incluso físico dedico a la finca!
En una primera etapa siguió con la producción de cereales que era lo tradicional; sembraba muchas partes de la finca, incluso algunas que hoy día nos parecen improductivas, con trigo, avena y centeno. Para las labores del campo tenía a su guarda José, su mujer Petra se ocupaba de la casa, y a su hermano el mulero Luciano, que vivía en una de las casas del "Prado Grande"; a ambos los queríamos mucho y estuvieron en casa unos veinte y cinco años.
La tracción para las labores del campo era por las dos parejas de mulas que teníamos, y el transporte con un carro tirado por ellas. Curro inició "la industralización", comprando una máquina de segar con tracción animal, y una de aventar el cereal equipada con un pequeño motor de gasolina; ambas, auténticas puiezas de museo, se conservan en el edificio grande del aprisco, junto con los coches Seat y Reanult que el tuvo en la última parte de su vida.
La trilla se realizaba con trillos de piedra, uno de los cuales se conserva en la pared de la nave. La era estaba al lado de la plantación nueva; todavía se tiene de pié la casa que tenía toda era, para guardar instrumentos y cereal.
Para rentabilizar las praderas de la Tablada, Curro continuó en un principio con las vacas que les tocaron en la herencia. Las cuidaba el vaquero Juanito que vivía en la otra casa del "Prado Grande" y las vacas dormían en la cerca delante de la casa, hoy día de viña; era muy campestre oir el sonido de los cencerros, ... pero las vacas llenaban la casa de moscas. En verano las subían a la sierra, y recuerdo que un año acompañamos a mi padre a vender vacas en la feria de Navarredonda.
Las vacas debieron de resultar poco rentables y las cambió por ovejas; de dormir en la cerca pasaron a dormir en el aprisco, cuyo nombre conserva.
Los pastores entonces tenían con el rebaño ovejas de su propiedad; se llamaban "escusas". Creo que Curro se hartó de que las ovejas nuestras cojían todas las enfermedades que hubiera, y las del pastor estaban siempre sanas.
Y eso que se había construido un bvaño para desinfectar con frecuencia a las ovejas.
Y cambió el sistema, pasando a arrendar los pastos a pastores con sus propias ovejas. Es el sistema que continuamos los hijos hasta hoy día.
En su búsqueda de la rentabilidad de la finca puso en regadío la zona que hoy conocemos como "la huerta". Trajo un zahorí que acertó señalando el lugar donde se escavó el pozo de la huerta; por el gran caudal que suministra incluso en años secos, hemos hecho una traida de él para la casa.
Motos Diter
Equipó el pozo con un motor diesel que fabricaban en Zafra, marca Ditter, ... y que arrancaba metiendo en el pistón una mecha de mechero ardiendo!; se ha traido a la bodega de la casa para recordar aquellos comienzos. Para el motor y la salida del agua construyó la caseta que existe. Siguió usando este motor incluso cuando ya disponía de electricidad en la casa.
La zona que puso en regadío era mucho más grande que la actual huerta: ocupaba la colina y la pradera cercanas, como se puede imaginar por los trozos de acequia que se han conservado; y una parte importante de "los malagones".
Dedicó este regadío al cultivo que estaba de moda en cada momento por su rentabilidad; recuerdo cuando se producía maíz o cuando se cultivaba tabaco. Aunque creo que ninguno de ellos fueron un éxito económico.
Siempre dejaba la mejor parte para huerta de productos destinados al consumo de la casa: alubias, discutiendo siempre si eran mejores o peores que las que cultivaban los guardas en San Pedro, patatas, tomates, sandías, pimientos, ...
Recordando sin duda los olivares de su Andalucía natal plantó unos 360 olivos, "machones" como se llaman de pequeños, y que siguen conservando este nombre. Siempre decía que quería garantizarnos a los hijos el consumo de aceite, ... y sigue cumpliéndose su deseo medio siglo después.
La recogida de la aceituna se iniciaba con el Año Nuevo, a base de vareadores y recogedoras. Pepita decía que la recordaba su infancia.
Y plantó de chopos el "malagón", que después de dos cortas se ha convertido en una cueva de jabalís.






