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La finca de Pepita y Curro

 

La finca heredada por Pepita

El año 1955 fallece el abuelo Cipriano y los seis hijos vivos proceden al reparto de la herencia, llegando a un acuerdo con la viuda de Antonio. Este reparto requirió lógicamente una valoración complicada de todos los bienes inmobiliarios. Realizaron seis lotes que sortearon, siendo la mano inocente mi hermana Ana.

 

A mi madre Pepitá la correspondió el lote número 4. Y a su hermana Mercedes, soltera, el lote número 1 que comprendía el chalet de San Pedro y la finca El Berrocal: gracias a ello en el chalet seguimos veraneando la familia por deseo de Mercedes hasta su muerte en 1977, y entonces nos legó además la finca El Berrocal como se comenta en la página correspondiente.

La complejidad de la partición, en una época en la que el Registro era muy deficiente y el Catastro casi inexistente, les forzó a realizar previamente un cuaderno particional que es donde verdaderamente se describe cada herencia.

 

Los lotes de la finca de San Pedro quedaron bastante bien delimitados pues se amojonaron todas las fincas resultantes y se describió en el cuaderno particional la ubicación de cada mojón.

 

Mi padre Curro hizo un gran esfuerzo por dejar aclaradas las lindes; su descripción de cada mojón que nos separa del lote 5 nos ha sido de gran utilidad, así como el croquís de la chopera.

 

Plantó de chopos los terrenos que eran prados; aun se pueden ver algunos de estos chopos.

 

Y realizó cortas de pinos cuando se presentaba algún gasto extraordinario como las bodas de los hijos.

 

 

Evolución de la finca hasta la muerte de Pepita

A la muerte de nuestro padre en 1981 comenzamos Pepe y yo por ocuparnos de dos contenciosos pendientes:

 

La chopera que había plantado nuestro padre en la colada que quedó entre los mojones que delimitan la entrada a los sublotes hechos en el Prado Grande (uno por lote con la ilusión de que cada hermano construyera una casa) y el arroyo de la Avellaneda. Su cuñado José Ávila no admitía la propiedad de Pepita sobre ella, lo que había causado la enemistad con nuestro padre.

 

Nosotros cercamos esta colada, lo que animó a nuestro tío a romper esta cerca dándonos motivo para presentarle una demanda. Demanda que reafirmó nuestra propiedad sobre esta colada y sus chopos.

El otro tema fue "la nogalera", nombre con el que se conoce el terreno situado entre el chalet, la carretera, el arroyo y el camino que baja al puente. Lo dejaron en proindiviso para que pudiera ser utilizado por todos los lotes como cargadero en las cortas de pinos, que las mulas arrastraban hasta aquí y aquí se cargaban en caminones.

 

Se llama nogalera porque en ella había unos nogales impresionantes que fueron secándose o fueron cortados. En el reparto de una de estas cortas Pilar Bardají y su esposo José Ávila, siempre tan conflictivos, reclamaron dos sextas partes, aludiendo que les correspondía la parte del lote que su hermana Mercedes les había legado. Los demás hermanos no lo admitieron pues no aparecía en el testamento, y defendieron el derecho igual de todos al uso de la nogalera. Es un contencioso que está latente desde hace más de treita años.

 

Con gran alegría de nuestra madre Pepita, conseguí que ICONA nos regalara unos nogales vacunados plantamos en la nogalera y hoy día son unos árboles bien desarrollados.

Pero al margen de estos pequeños contenciosos, el tremendo cariño de Pepita por la finca de San Pedro y su deseo de que no saliera del ámbito familiar la finca de sus padres, se concretó en la adquisición en 1983 de tres fincas de pinos lindantes con la nuestra:

 

La más importante fue el lote nº 3 que había correspondido a su hermano Alfonso y que había heredado su hija Carmen. Medía casi 36 hectáreas y lindaba con el nuestro por su linde este - sur. Estaba formado por cuatro fincas registrales, más la parte proindivisa de la nogalera y de la casa del guarda. No se adquirió por voluntad de Carmen el sublote del Prado Grande, ... aunque en el Catastro figuara a nuestro nombre. La adquisición se realizó a nombre de los cuatro hermanos, lo que facilitó la constitución de Famoba S.A.

 

También a nombre de los cuatro hermanos se compró a la familia Colorado, concretamente a "Paulino el del bar de los cochinillos", una finca de algo más de 5 hectáreas en la linde norte de nuestros dos lotes.

 

Y finalmente, a nombre de mamá un terreno de de dos hectáreas y media tambien en la linde norte, al maderero de San Esteban y buen amigo de nuestro padre, Jacinto.

 

Desgraciadamente no pudimos, aunque lo intentamos, comprar a los herederos del tío Jaime el lote nº 5, que fue adquirido por el maderero Carlos Jara con el que tuvimos muy buenas relaciones hasta su muerte.

 

 

 

Con estas adquisiciones la finca de San Pedro tiene una superficie de unas 92 hectáreas, lo que es un tamaño importante para una finca de pinos privada.

 

Durante la vida de Pepita no se realizó ninguna corta de pinos, salvo los pinos quemados en los fuegos que comentaremos en las pestaña correspondiente.

La finca de San Pedro y su chalet fueron un marco importante en la vida de Pepita; en los primeros años de su viudez pasaba en él casi cinco meses, y siempre disfrutaba enormemente con las visitas que le resalizábamos los hijos.

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